Las cuatro mujeres de la genealogía de Jesús (y por qué no son las que esperabas)
Las genealogías antiguas de Israel eran normalmente patrilineales: la cadena principal se construía de padre a hijo. Las mujeres podían aparecer, pero no eran lo habitual en la línea principal. Por eso llama la atención que Mateo interrumpa su secuencia para mencionar a Tamar, Rahab, Rut y «la que fue mujer de Urías», antes de llegar a María.
Porque no están Sara, ni Rebeca, ni Raquel, ni Lea. Las matriarcas, las de los grandes capítulos, las que cualquiera habría puesto. No está ninguna.
Están estas cuatro: Tamar, Rahab, Rut y «la que fue mujer de Urías». Más María al final, que es un caso aparte.
La lista, tal como la escribe Mateo
| Mujer | Versículo | Quién era |
|---|---|---|
| Tamar | Mateo 1:3 | Nuera de Judá. Cananea, probablemente |
| Rahab | Mateo 1:5 | La de Jericó. Cananea, y prostituta |
| Rut | Mateo 1:5 | Moabita. Extranjera y viuda |
| «La que fue mujer de Urías» | Mateo 1:6 | Betsabé. Casada con un hitita |
| María | Mateo 1:16 | La madre de Jesús |
A las cuatro primeras puedes buscarlas en nuestro árbol genealógico bíblico y seguir desde cada una la línea hacia abajo hasta Jesús. Están todas en la rama de Judá.
El detalle más raro de todos: a una no la llama por su nombre
Empecemos por lo que más llama la atención y que casi ninguna explicación en español aborda. Mateo escribe los nombres de las otras tres sin problema: Tamar, Rahab, Rut. Y al llegar a la cuarta, escribe esto:
«…y David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías.»
Mateo 1:6
Sabe cómo se llama. Todo el mundo sabe cómo se llama: Betsabé. Y aun así elige no escribirlo, y en su lugar la identifica por el marido al que David mandó matar.
La elección difícilmente pasa desapercibida. En lugar de nombrar a Betsabé, Mateo mantiene en la genealogía el nombre de Urías, el hombre cuya muerte David provocó. Muchos intérpretes ven aquí una forma deliberada de mantener el episodio de 2 Samuel 11 dentro de la memoria genealógica. Mateo no explica su motivo, así que conviene distinguir el dato de la interpretación.
Si alguna vez te contaron esta historia como «Betsabé sedujo a David», vuelve a leer 2 Samuel 11 y fíjate quién hace qué. David la ve, David manda traerla, David la toma, David manda matar al marido. El profeta Natán llega después y no la señala a ella: le dice a él «tú eres aquel hombre». Y Mateo, mil años más tarde, escribe «la que fue mujer de Urías» para que no se nos olvide.
Las otras tres, una por una
Tamar: la que se disfrazó para obligar a su suegro a cumplir
Su historia está en Génesis 38, un capítulo que la gente se salta porque interrumpe la historia de José justo cuando se ponía buena. Resumen: Tamar se casa con Er, hijo de Judá. Er muere. Según la ley, el hermano debe darle descendencia: Onán se niega y también muere. Judá le promete el tercer hijo, Sela, y luego no cumple: la manda de vuelta a casa de su padre como viuda, lo que en esa época era condenarla a no ser nada.
Tamar entonces hace algo desesperado y brillante: se cubre el rostro, se sienta en el camino, y Judá —su suegro— la toma por una prostituta y se acuesta con ella sin reconocerla. Ella le pide en prenda su sello, su cordón y su bastón, que eran básicamente su documento de identidad.
Tres meses después le avisan a Judá que su nuera está embarazada «por haberse prostituido», y él, sin pestañear, sentencia: «sacadla y sea quemada». Entonces ella manda los objetos con un recado: «del varón cuyas son estas cosas, estoy encinta».
Y Judá dice la frase que le cambia la vida: «Más justa es ella que yo» (Génesis 38:26).
De ese embarazo nacen mellizos, Fares y Zara. Y por Fares pasa la línea que llega a David y a Jesús. Está en las dos genealogías, en la de Mateo y en la de Lucas.
Rahab: la prostituta de Jericó que apostó por el bando correcto
Josué 2. Dos espías israelitas entran en Jericó y se esconden en casa de Rahab, que es prostituta y cananea, o sea doblemente descartable según cualquier criterio de la época. El rey manda buscarlos. Ella los esconde en la azotea, miente a los soldados del rey y los ayuda a escapar por la ventana con una cuerda.
Pero lo que dice antes de soltarlos es lo que de verdad importa: les recita lo que ha oído del Dios de Israel —el Mar Rojo, los reyes amorreos— y concluye «porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra» (Josué 2:11). Esa confesión de fe se la hace una prostituta pagana antes de que Israel entre en la tierra.
Sobrevive a la caída de la ciudad por el cordón rojo en la ventana, se integra en Israel, y Mateo la pone como madre de Booz. El Nuevo Testamento la nombra tres veces, y dos de ellas son elogios: Hebreos 11 la mete en la lista de los héroes de la fe, y Santiago 2 la pone de ejemplo junto a Abraham. No está mal para alguien a quien la historia recuerda por su oficio.
Rut: la extranjera que eligió quedarse
Rut es moabita. Y los moabitas no eran unos extranjeros cualesquiera: Deuteronomio 23:3 dice que no entrarán en la congregación de Jehová ni hasta la décima generación. Peor aún, el origen de Moab es el episodio incómodo de Génesis 19, cuando las hijas de Lot emborrachan a su padre.
Se queda viuda en tierra extraña y su suegra, Noemí, le dice que se vuelva con los suyos, que no le debe nada. Y Rut contesta con la frase que la gente lee hoy en las bodas sin saber que originalmente se la dijo una nuera a su suegra:
«Dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.»
Rut 1:16
Acaba casándose con Booz, y el libro termina con una genealogía diminuta de cuatro versículos que revela por qué nos han contado toda la historia: Booz engendró a Obed, Obed a Isaí, e Isaí a David.
La bisabuela del rey más grande de Israel era moabita. Y por si fuera poco, su suegra —Rahab— era cananea. David tiene dos extranjeras en la raíz, una detrás de otra.
Entonces, ¿qué tienen en común?
Aquí hay que tener cuidado, porque la explicación que más circula es a la vez la más fácil y la más floja: «eran cuatro mujeres pecadoras, para mostrar que Jesús vino por los pecadores».
El problema es que no cuadra. Rut no es presentada como una mujer culpable de un escándalo moral, y 2 Samuel concentra la responsabilidad de lo ocurrido con Betsabé en las acciones de David. Meter a las cuatro en un saco uniforme de «mujeres pecadoras» simplifica historias muy diferentes.
Hay, en cambio, varios hilos que los intérpretes han propuesto:
Primero: la extranjería aparece con fuerza, pero no de la misma manera en las cuatro. Rahab es cananea y Rut moabita. La identidad étnica de Tamar es discutida, y Betsabé no es llamada extranjera; Mateo la identifica por Urías, su marido hitita. Por eso es más preciso decir que varias de estas mujeres colocan a pueblos o vínculos gentiles dentro de la genealogía, sin convertir a las cuatro en un grupo étnico uniforme.
Segundo: las cuatro historias rompen expectativas. Tamar, Rahab, Rut y Betsabé llegan a la genealogía desde relatos marcados por viudez, extranjería, vulnerabilidad, riesgo, irregularidad familiar o abuso de poder. Que ese sea exactamente el motivo de Mateo es una interpretación; que sus historias sean extraordinarias sí puede comprobarse leyendo los textos.
¿Y por qué no están Sara, Rebeca y Raquel?
Es la pregunta inversa y es igual de interesante. Si Mateo iba a romper la costumbre y nombrar mujeres, lo esperable era nombrar a las matriarcas: las que tienen capítulos enteros, las que Dios menciona por su nombre, las intachables.
No nombra a ninguna. No podemos saber con certeza por qué, pero el contraste es llamativo: Mateo rompe la secuencia para mencionar a estas mujeres y no a las matriarcas más esperables. Esa selección forma parte del problema interpretativo de la genealogía.
Puedes comprobarlo tú mismo: Sara, Rebeca, Raquel y Lea están en el árbol, con su ficha completa, en el lugar que les corresponde. Simplemente Mateo no las escribió en su lista.
¿Cuatro o cinco?
Depende de si cuentas a María, y hay motivo para contarla aparte. A las cuatro primeras Mateo las menciona con la misma fórmula, como madres dentro de la cadena de «engendró». Con María cambia la construcción entera: «José, el esposo de María, de la cual nació Jesús». Ella no es un eslabón más de la lista; es donde la lista se rompe y empieza otra cosa.
Así que la respuesta honesta es: cuatro mujeres dentro de la genealogía y una quinta que la cierra de otro modo. Quien dice cuatro y quien dice cinco están contando cosas distintas, y los dos tienen razón.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas mujeres aparecen en la genealogía de Mateo?
Cuatro dentro de la cadena —Tamar, Rahab, Rut y «la que fue mujer de Urías»— y María al final, mencionada con una construcción distinta.
¿Son cuatro o cinco mujeres con María?
Las dos cuentas son defendibles. María está mencionada, pero no de la misma forma que las otras cuatro: con ella Mateo rompe el patrón de «engendró» que venía usando.
¿Quién es «la que fue mujer de Urías»?
Betsabé, la madre de Salomón. Mateo elige no escribir su nombre y la identifica por su primer marido, Urías el hitita, al que David mandó matar.
¿Por qué Mateo no la llama Betsabé por su nombre?
Una lectura muy extendida es que mantener el nombre de Urías obliga al lector a recordar el episodio de David en 2 Samuel 11. Es una interpretación plausible, pero Mateo no explica explícitamente por qué eligió esa fórmula.
¿Quién fue Tamar y por qué está en la genealogía?
La nuera de Judá. Génesis 38 cuenta cómo, tras quedarse viuda dos veces y ser abandonada por su suegro, se disfrazó para obligarlo a cumplir con la ley. De ahí nació Fares, por quien pasa la línea hasta David y Jesús.
¿Rahab la de Jericó es la misma de la genealogía?
Mateo la presenta como la madre de Booz, y la tradición cristiana la identifica con la Rahab de Josué 2. Hebreos 11 y Santiago 2 la elogian por su fe.
¿Rut era extranjera? ¿Cómo entró en la línea de David?
Era moabita. Entró por el matrimonio con Booz bajo la ley del pariente redentor. Su bisnieto fue David.
¿Por qué Mateo incluyó mujeres si las genealogías judías no lo hacían?
Mateo no explica su motivo. La presencia de mujeres dentro de una genealogía patrilineal resulta llamativa y ha generado varias lecturas: vínculos con pueblos gentiles, historias familiares inesperadas, providencia en situaciones irregulares y preparación narrativa para María. Conviene presentar esas opciones sin convertir una de ellas en intención explícita del evangelista.
¿Eran todas pecadoras?
No, y esa explicación conviene abandonarla. Rut no cometió ninguna falta, y Betsabé aparece en el texto como la parte agraviada. El hilo común es más probablemente su condición de extranjeras y su entrada irregular en la línea.
¿Por qué no aparecen Sara, Rebeca ni Raquel?
Mateo no las menciona, y la ausencia parece tan intencionada como las presencias. Si quisiera adornar la lista, habría nombrado a las matriarcas.
¿Qué significa que haya mujeres gentiles entre los antepasados de Jesús?
Rahab y Rut muestran de forma clara que personas extranjeras quedaron integradas en la historia de Israel y en la genealogía de Mateo. Algunos intérpretes conectan este detalle con la apertura universal que aparece al final del evangelio; es una lectura temática, no una explicación que Mateo dé dentro de la genealogía.
¿Dónde están Sara y Rebeca en el árbol genealógico?
Las dos están, con su ficha completa, en la rama de los patriarcas. Sara aparece además como hija de Taré, siguiendo Génesis 20:12, donde Abraham explica que es su hermana por parte de padre.
Búscalas en el árbol. En el árbol genealógico bíblico interactivo están Tamar, Rahab, Rut y Betsabé con su historia completa, y puedes seguir desde cada una la línea que baja hasta Jesús. Son 1.227 personas de Adán a Jesús, gratis y sin registro.
Para seguir: por qué Mateo y Lucas dan genealogías distintas y los 12 hijos de Jacob y sus madres.
